Lo “afrodisíaco” está relacionado con aquello que estimula el deseo y su origen se remonta a la antigua Grecia, en honor a la diosa Afrodita, considerada en la mitología griega, la diosa de la belleza, el amor, el deseo y la reproducción.
Sobre el nacimiento de esta deidad, que los romanos identificaron más tarde con la antigua diosa itálica Venus, se transmitían dos tradiciones distintas. Según una de ellas, Afrodita era hija de Urano, cuyos órganos sexuales amputados por su hijo Crono tras una encarnizada lucha cayeron al mar junto a las costas de Chipre. Una vez allí, los órganos cortados liberaron su esperma, que al ser agitado por las olas fertilizó la espuma marina y engendró a la diosa, la mujer nacida de la espuma o del semen del dios.